Leyenda del Charro Negro

El charro negro

La leyenda del charro negro, surgida alrededor del periodo colonial de nuestro país, relata la vida de una familia humilde de campesinos, donde padre y madre amaban con fervor a su único hijo, pero, por su condición económica, no podían otorgarle de muchos bienes.

El Charro gustaba de comprar sombreros y trajes caros, pero para eso los días de hambruna se postergaban por un tiempo, con tal de ahorrar el dinero para así lucir bien y olvidar la pobreza de su situación.

Como el dinero no alcanzaba para costear las caras medicinas, sus padres murieron, dejándolo solo con su miseria, la cual se acrecentó por la tristeza.

Por más que trabajaba, su riqueza no incrementaba y su corazón empezó a teñirse de rencor.

Un día, harto ya de la situación, quiso ponerle fin; en un arrebato decidió invocar al mismísimo Diablo para pedirle su anhelada fortuna. No se sabe cómo lo hizo, pero el príncipe de las tinieblas se le apareció, y más temprano que tarde el demonio se dio cuenta de lo que el alma del hombre deseaba. De este modo le ofreció un trato: él le proporcionaría las cuantiosas cantidades de dinero que quería, pero a cambio su alma no le pertenecería más.

Fue así como vino el entretenimiento con fiestas, mujeres, alcohol, ropa suntuosa y comida. Sin lugar a dudas el despreocupado joven se la pasó en grande en esa época, pero un sentimiento de soledad profundo reinaba en el alma de nuestro protagonista.

De repente las mujerzuelas no se le antojaban, ni los vinos y la comida cara le satisfacían, y las costosas prendas adquiridas no lo alegraban; su vida empezó a marchitarse por una extraña razón.

Incitado por el miedo, el Charro tomó su mejor caballo, una bolsa con monedas de oro y su traje más elegante, huyó para ocultarse del señor del inframundo.

Pero a este último nada se le escapa, al cual le dijo: Como veo que vas a faltar a tu palabra cobardemente, te llevaré ahora conmigo y sufrirás las consecuencias, le dijo el Diablo.

En ese momento, el fiel caballo del Charro trató de defenderlo, realizando patadas a diestra y siniestra para así alejar al demonio, y éste al percatarse de ello, dijo:

Tu fiel bestia trata de evitar que te lleve conmigo, como veo que la has cuidado bien la llevaré también afirmó Lucifer.

De ahora en adelante te encargarás de cobrar los tratos de mis otros deudores, y como soy un ser compasivo, dejaré que quien acepte tu bolsa con monedas de oro tome tu lugar, así podrás regresar a tu vida de mortal.

Y desde ese día, el Charro vaga en los caminos cercanos al campo, donde espera al desafortunado viajero, quien no podrá resistirse a la idea de poseer sus monedas de oro, y así pasar a ser una nueva alma en pena sin ninguna escapatoria.

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