Leyenda de la llorona corta – Versión colonial

Los cuatros sacerdotes aguardaban espectrantes en el lago de Texcoco, 

De pronto estalló el grito….

Era un alarido lastimoso, hiriente, sobrecogedor. Un sonido agudo como
escapado de la garganta de una mujer en agonía.

Subieron al lugar más alto del templo y pudieron ver hacia el oriente una figura blanca. 

Aquella fantasmal aparición llenaba de terror a la gente de Tenochtitlán, era la misma Diosa Cihuacoatl.

-Aaaaaaaay mis hijos…….Aaaaaaay aaaaaaay!- 

El lamento se repetía tantas veces como horas tenía la noche la madrugada en que la dama de vestiduras vaporosas jugueteando al viento, se detenía en la Plaza Mayor y mirando hacia la Catedral. Jamás hubo valiente que osara interrrogarla.

Muchos timoratos se quedaron locos y jamás olvidaron la horrible visión de “La llorona” hombres y mujeres cientos y cientos enfermaron de espanto.

Poco a poco y al paso de los años, la leyenda de La Llorona, rebautizada con otros nombres, lanzando al aire su terrífico alarido, vadeando ríos, cruzando arroyos, subiendo colinas y vagando por cimas y montañas.

Previous

Leyenda de la quemada

Leyenda de los volcanes

Next

Deja un comentario