La dos comadres – Presa de la olla

La leyenda de las Comadres me fue contada, hace más de veinte años, precisamente en el paseo a la Presa.

A la izquierda de La Bufa, hay dos peñas más que, según dicen, tienen forma de batracios y son las que originaron el nombre de la Ciudad: Las Dos Comadres. Se trata de dos grandes rocas que, a la distancia, parece que se encuentran muy cerca la una de la otra, aunque en realidad están a varios metros de distancia. En ese lugar se originó una de las leyendas más simpáticas de la ciudad.

Cuentan que eran dos amigas, comadres para ser precisos, que acostumbraban subir al cerro a cortar verdolagas. Como entre ellas no existían secretos, un buen día conversaron, en detalle, acerca de sus amoríos. Intercambiando frases de elogio e intimidades sobre sus respectivos galanes, mientras recogían las verdolagas, se pasaron la tarde hasta que, a una de ellas, se le ocurrió mencionar el nombre de su Don Juan. La otra amiga se puso morada de furia porque resultaba que el galán era el mismo. La conversación se transformó en desagradable discusión, y de ahí en pelea violenta y, de acuerdo a los cánones religiosos, cuando las comadres pelean se las ven con el demonio, al momento en que ambas se dieron el primer bofetón quedaron convertidas en piedras.

Una versión de la leyenda dice que, las dos peñas se encuentran «dándose la espalda», como si las comadres siguieran enfadadas la una con la otra.

La otra versión dice que se encuentran en actitud de seguir murmurando, al oído, las acostumbradas confidencias y aseguran que, si los viajeros se acercan a ese sitio, pueden escuchar el murmullo de sus voces multiplicado por el eco de las montañas vecinas, lo mismo en la Bufa que en la Montaña de la Sirena, especialmente cuando el viento sopla en esa dirección.

Solo hace falta escalar el cerro para escuchar la conversación, a veces tranquila otras irascible, de las dos mujeres convertidas en piedra.

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